Publicado en Infolibre

La Unión Europea tiene un plan. Vamos a escuchar hablar mucho a partir de ahora del Plan de Acción para la Economía Circular; es un plan de acción en el que los plásticos son clave. Abundarán las buenas noticias, parecerá que, de repente, los mandatarios de Europa hayan tomado una firme consciencia medioambiental. Así, lo que antes se consideraban excentricidades ecologistas, pasarán a ser prácticas habituales, subvencionadas, reglamentarias, imperativas. En España, ya hemos empezado a notar los efectos: desde el 1 de julio todos los comercios están obligados por ley a cobrar las bolsas de plástico, con el objetivo de desincentivar su uso. En 2030, todos los envases de plástico deberán ser reciclables, el consumo de plásticos de un solo uso se reducirá al mínimo y se intentará restringir la presencia de microplásticos, esas sustancias que nos llegan a través del aire, del agua y de los alimentos que consumimos, con efectos desconocidos para la salud. En medio de este triunfal ambiente legislativo es necesario hacer una reflexión: ¿Cuándo y cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Ha habido un cambio de conciencia en los poderes corporativos que gobiernan a través de la mayoría de nuestras instituciones? Creo que no.

Más bien lo que ocurre es que los poderes corporativos se han dado cuenta de que los recursos se están acabando y es necesario reincorporar al ciclo productivo lo que antes tirábamos para mantener el crecimiento económico. No es por el planeta, ni por los derechos de las generaciones futuras. Es para mantener los niveles de concentración de la riqueza.

Por eso, más que los compromisos alcanzados, quizás conviene analizar qué es lo que no se ha aprobado esta semana en el Parlamento Europeo en relación a la estrategia para el plástico en la economía circular; algunas de estas medidas eran propuestas de Podemos en Europa. Y lo que no se ha aprobado ha sido:

– No se incorporará la eliminación segura de los plásticos usados en la agricultura como condición para cobrar las subvenciones de la Política Agraria Común.
– No se asumirá un objetivo de reducción del uso de plásticos del 20% para 2025 y del 50% para 2030.
– No se prohibirá la incineración de plástico en las incineradoras y las cementeras como combustible sólido secundario para 2030.
– No se reducirá la diversidad de los plásticos utilizados en los productos efímeros a fin de facilitar su reciclado.
– No se considera que el PVC es un material insostenible y no se eliminará progresivamente su uso.
– No se irá más allá mediante un impuesto europeo sobre los plásticos nuevos, diferenciados en función de su reciclabilidad y su contenido de materiales y sustancias peligrosos, a fin de avanzar hacia la internacionalización de los costes externos causados por los plásticos durante todo su ciclo de vida.
– No se establecerá un calendario que lleve primero a la restricción y más adelante a la eliminación gradual completa del plástico en los juguetes infantiles.
– No se tiene en cuenta que existen multitud de monómeros y polímeros presentes en los productos desechables y para llevar, que tienen una vida muy breve y no se han integrado de manera eficaz en sistemas de recogida selectiva para residuos de envases, lo cual convierte el reciclado en una tarea muy difícil. No se abordará este problema.

La economía circular está de moda. Los mismos que han alentado años y años de crecimiento económico a costa del planeta nos señalan ahora: “En 30 años habrá más plásticos que peces en el mar”.

Reciclar y reutilizar es urgente, no hay duda. El problema es que lo hagamos porquequeremos seguir creciendo, acumulando capital, pero sin cuestionarnos ni el modelo de desarrollo, ni nuestro modo de vida, ni la justicia social.

Frente al capitalismo verde nosotras decimos: cuidar el planeta es también cuidar de la vida, defender el derecho a una vida digna para todas las personas que lo habitan. No podemos hablar de ecología si no hablamos de justicia social.

La Comisión Europea sostiene que la economía circular es un cambio de sistema que requiere repensar nuestra forma de producir y de consumir. Es cierto, pero olvidan que esto es incompatible, sin ir más lejos, con su actual política comercial.

¿Es posible una economía circular dentro de los tratados de libre comercio de nueva generación como el que se está negociando ahora con Japón? No lo es. Porque una economía que cierra los ciclos tiene que estructurarse alrededor de los circuitos cortos de comercialización. Una economía local circular debe ser también diversa, no hiperespecializada y productivista.

Las economías solidarias, feministas o ecológicas tienen propuestas y prácticas que pueden ser de gran utilidad para este cambio sistémico hacia la economía circular. Pero implican cambios políticos.

Hablar de economía circular, si vamos a hablar de verdad y no es solo una pose, es hablar de soberanía energética, de soberanía alimentaria; es hablar de equidad social y de la salud de las personas; es hablar de un municipalismo transformador; es hablar también de una etapa pos-industrial en la que necesitamos recuperar los aprendizajes de un mundo rural en el que nada se desperdiciaba; es volver al consumo de proximidad, a reconectar la ciudad y el campo… Es, en definitiva, construir una Europa más habitable en la que quepamos todas y todos, vengamos de donde vengamos

Comments

comments

About Author