Podemos y la deuda con el mundo rural

El 2017 será un año político decisivo en la historia de nuestro país. El congreso de Vistalegre 2 se celebrará en un contexto de tiempos convulsos para Europa y el mundo: el cambio climático, el auge de la extrema derecha, la crisis de los refugiados… Podemos tiene que ser la herramienta capaz de formular las preguntas adecuadas y también de dar respuestas en clave local a los desafíos mundiales. En este sentido, hay una cuestión fundamental que no se nos debe quedar olvidada, ni en los discursos ni en las agendas: la defensa del Derecho a la alimentación y la lucha por la soberanía alimentaria, que irremediablemente lleva aparejada la lucha por mantener un mundo rural vivo.

Una vez escuché a una ganadera hablar del orgullo que sentía al saberse imprescindible. Al saber que la suya era una actividad esencial para su comunidad, porque pocas cosas hay tan esenciales como alimentarse. Ese es el orgullo rural al que intentamos apelar muchas veces cuando hablamos de nuestros sectores productivos.

Por eso es tan importante que nuestro pueblo tenga el poder de decisión sobre sus propias políticas agrarias y alimentarias. Un país con futuro necesita un sector primario fuerte y organizado frente a los intereses de las grandes corporaciones. 2017 será un año clave: desde este mismo mes de enero se inicia en Europa el proceso de reforma de la Política Agraria (PAC). Paralelamente al calendario europeo vamos a sacar el debate de las instituciones y llevarlo a donde debe estar: en las calles: Europa no puede seguir adentrándose en la senda de los tratados de libre mercado, la desprotección de los pequeños productores y la privatización de los seguros agrarios.

El Podemos que salga de Vistalegre 2 debe seguir trabajando por un cambio en las políticas públicas que tienen incidencia en el sistema agroalimentario a nivel internacional, nacional y local. Frente al modelo de las élites, debemos hablar claro: defender el derecho a la tierra y demás bienes comunes sin fisuras. Hay que promover la creación de mercados locales basados en precios justos y trabajar, desde todos los niveles donde tenemos representación y también codo a codo con la sociedad civil, por la implantación de circuitos cortos de distribución para que la comunicación entre productores y consumidores sea más transparente y más directa y así limitar el poder de las grandes distribuidoras de la alimentación.

Asimismo, es imprescindible que continuemos exigiendo sin tapujos unas condiciones de trabajo dignas para las personas que se dedican a la producción, distribución y venta de alimentos. Pero si el derecho a la alimentación no puede ni debe ocupar un segundo lugar en el debate político, mucho menos ha de hacerlo la lucha por un mundo rural vivo. Tarea que va más allá de la cuestión alimentaria.

Y es que la injusta brecha que siempre ha existido entre las condiciones de vida del mundo urbano y el rural se ha acrecentado a consecuencia de la crisis y del abuso de las élites ecónomicas y financieras. El marco de las políticas de austeridad ha servido de justificación política al bipartidismo para frenar la inversión en servicios, equipamientos e infraestructuras en los pueblos y comarcas, desde el interior hasta la costa, en todo nuestro territorio.

Además, suele mirarse al mundo rural de manera sesgada e injusta, teniendo en cuenta únicamente sus bajos niveles de concentración poblacional y la dispersión geográfica. Y poniendo de manifiesto, por tanto, que donde vive poca gente no merece la pena invertir para garantizar sus derechos. Olvidando así que nuestro hermoso y diverso mundo rural es la despensa que atesora toda la riqueza de aquello que somos: nuestras raíces, nuestra cultura y, también, nuestro amor por la mar y por la tierra.

A nadie se le escapa que España es un país diverso con una gran pluralidad de culturas rurales, particularidades geográficas, políticas y sociales, que exigen un amplio diálogo y un debate sereno para promover una mirada comprensiva y global de lo que significan todos nuestros pueblos. Por eso debemos defender y promover la gestión democrática, transparente y participativa en nuestros pequeños ayuntamientos. Ya que éstos juegan un papel fundamental en dos tareas básicas que tenemos por delante: el mantenimiento de la población actual en el rural y la incentivación de nueva población. Y es que sólo un proyecto que busque activamente recuperar población, promocionar participación y garantizar derechos sociales y democráticos puede mantener un Mundo Rural Vivo.

Es fundamental que este impulso democrático se base en el reconocimiento de la mujer en el entorno rural. Las mujeres en los pueblos se han encontrado con trabas institucionales y obstáculos culturales más poderosas aún que en los contextos urbanos. Y ello ha provocado un éxodo femenino que sentencia de muerte a nuestros pequeños municipios. Porque sin mujeres las aldeas se acaban, las tradiciones se pierden y la esperanza se apaga. Por eso es imprescindible no postergar más la tarea de darles la visibilidad y la importancia que se merecen a todas las mujeres.

La tercera pata imprescindible en la recuperación del mundo rural es la defensa de la cultura de los bienes comunes y de los trabajos comunitarios de nuestros pueblos, aldeas y comarcas. Espacios y actividades que fomentan valores de respeto por el entorno y de  comunidad que, además, pueden ayudar al entendimiento entre nuevas culturas urbanas y rurales. En este sentido, se torna imprescindible poner en marcha políticas territoriales orientadas a la comarcalización que abran nuevas relaciones entre pueblos y ciudades que comparten los mismos ecosistemas.

Por último, no debemos olvidar que las juntas vecinales, las asociaciones culturales y folclóricas, las plataformas de vecinos, las organizaciones de productores, las cofradías de pescadores y las distintas cooperativas componen el universo social de nuestros pueblos. Para la enorme tarea que tenemos por delante, hay que contar con estos actores, pues muchos llevan décadas luchando por mantener encendida la luz en el mundo rural.

Creo que Podemos será la herramienta capaz de poner en marcha todas estas cuestiones que se resumen en un plan político que tenga claros estos objetivos estratégicos fundamentales para el país que queremos. Porque no me cansaré de decirlo: hay que empezar a pagar la deuda que como sociedad tenemos con el mundo rural, para que el rural tenga un presente y, sobre todo, para que tenga un futuro pleno de dignidad.

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