Noviercas: un atentado contra nuestra soberanía alimentaria

por Estefanía Torres, eurodiputada de Podemos

 

La macro granja de Noviercas, en Soria, requerirá 900 hectáreas de terreno, una ingesta diaria de 600.000 kilos de forraje y más de tres millones de litros de agua cada día. Hay que detener que sea una realidad, por responsabilidad colectiva e histórica.

Este experimento no es sólo una iniciativa empresarial, es una apuesta política. Una muestra clarísima del proyecto que las élites quieren para los países periféricos de Europa. Un proyecto donde las periferias sigamos siendo el patio de recreo de los poderosos. Porque, además, si mandan en lo más imprescindible para la vida después del agua y el oxígeno, como es la comida, la jugada es maestra en términos de atentado contra nuestra soberanía alimentaria. Y me explico.

Primero porque España ya es un país deficitario en leche. Consumimos un 30% más leche de la que producimos y, sin embargo, debido a la desaparición de las cuotas lácteas y a la importante liberalización

que ello supuso para el sector, hoy en día cierran 80 explotaciones de media al mes en nuestro país. Cierran porque los ganaderos no pueden vender su leche a precios dignos (esto es: que cubran al menos el coste de producción). Así es que nuestros mercados están cada vez más invadidos de leche foránea. Es necesario recordar aquí que el Gobierno del Partido Popular y su Ministra de Agricultura, García Tejerina, dijeron que era imposible marcar un precio mínimo a la leche. Sobre ello podríamos detenernos también pero no es ese el objeto de este artículo.

Segundo: porque a pesar de que la promesa de la generación de empleo para la provincia de Soria es la más rimbombante, está demostrado que la granja destruirá mucho más empleo del que creará. Si ya a día de hoy cerramos tantas explotaciones lácteas, cuando la competición sea frente a un gigante dentro del territorio capaz de producir 180 millones de litros de leche al año, entonces estaremos arrasando no solo con las explotaciones familiares cercanas, sino que afectará a toda la cornisa cantábrica. Los sindicatos calculan que se destruirían entre 700 y 800 puestos de trabajo, por los 250 trabajos que se crearían y que, previsiblemente serán de menor calidad.

Y tercero, pero no menos importante: porque no debemos perder de vista que esta macro granja empieza a “venderse” a la opinión pública en medio de un proceso de liberalización de los mercados. La aprobación del CETA y el TTIP, los dos grandes tratados comerciales de la agenda de la Comisión Europea, supondrá el derribo de las pocas barreras que el mercado se encontraba: el poco espacio que había para que la política, el Estado y la ciudadanía amortiguasen las desigualdades que provoca el mercado tiene visos de desaparecer. Y si lo hace en un sector tan vulnerable e importante como el alimentario, podemos imaginarnos las consecuencias. Precisamente estos meses estamos teniendo un adelanto de lo que ha significado la desaparición de las cuotas lácteas para nuestro sector primario.

Lo que evidencia la macro granja de Soria es una apuesta clara de un modelo de vida particular: el que tiene como objetivo mercantilizarlo todo, también el trabajo y la alimentación. Un modelo de muerte del planeta –porque no contempla que los recursos son finitos–, de la muerte de nuestros recursos naturales –porque no se detiene ante nada–, de la muerte las zonas rurales –porque este tipo de macroproyectos siempre han empobrecido a los pueblos– y, finalmente, de muerte de nuestra soberanía alimentaria. Porque la leche no es una mercancía. La leche es un alimento.

Los tratados de libre comercio, la reforma de la PAC que ya se atisba en el horizonte y este proyecto de la macro granja son los ingredientes perfectos para apuntalar un mundo en el que las grandes corporaciones campen a sus anchas por nuestros territorios, para que puedan sobre explotar nuestros recursos naturales sin ningún tipo de control y, cuando sea más barato producir en cualquier otra parte del mundo, recogerán sus bártulos y se irán a contaminar y a destrozar la vida allá donde toque.

El gigante lácteo previsto para Noviercas consumirá más de tres millones de litros de agua cada día. El proyecto está pendiente de un estudio hidrológico para determinar si será posible el abastecimiento de este bien. No olvidemos que toda Castilla y León se está viendo afectada por una sequía prolongada que ya está haciendo estragos en el 60% de los cultivos. Tampoco sabemos cómo se van a gestionar los más de dos millones de litros de purines que se generarían al día. Consecuencias medioambientales que nos afectarán a todos.

Defender la salud y la vida es esencial. Este planeta, además, no tiene otro igual. Al menos no lo habrá para los más desfavorecidos. Por eso es imprescindible defenderlo. El cambio climático es una obviedad. La sequía hace años que daña muchos puntos de nuestro país y cada vez menos gente puede dedicarse a vivir dignamente de la producción alimentaria. Y eso tiene una consecuencia muy clara: pérdida de soberanía y dependencia económica. Necesitamos una reacción que venga desde abajo, una movilización campesina que obligue a las leyes del mercado a poner los pies en la tierra y a quien nos gobierna a sembrar un futuro digo para quienes habitan el mundo rural. Nos jugamos demasiado.

Publicado en el Diario de Soria, el 4 de junio de 2017

Comments

comments

About Author