Justicia social y ambiental para nuestros mares

ESTEFANÍA TORRES CONSEJERA CIUDADANA ESTATAL DE PODEMOS Y PORTAVOZ DE PESCA

Vivimos en un momento crítico de la historia. El océano nos cuenta cada día que hace falta un giro radical en el tratamiento de nuestros mares. Un giro que empieza por nuestra manera de consumir en tierra y acaba por la necesaria protección y promoción de los artes más sostenibles, los artesanales, en detrimento de otro tipo de artes como el arrastre industrial o el cerco de alto impacto.
Conscientes de que la política no sólo se hace en sede plenaria y de espaldas a la gente que desgraciadamente tiene que padecer decisiones injustas, tratamos de tejer una propuesta para la pesca en este país que viniese de la mano de los pescadores. Ya desde marzo de 2016 nos reunimos con ellas y ellos en Bruselas. Treinta representantes de cofradías de pescadores, asociaciones de mariscadores, cerqueros, organizaciones ecologistas, pescadores artesanales, expertos de universidades e institutos de investigación de varias comunidades autónomas suscribieron entonces la declaración de Bruselas sobre la pesca artesanal. Una vez más, la sociedad civil demostró estar un paso por delante de las decisiones políticas y acuñó una serie de objetivos mínimos sobre los que trabajar en el futuro, acuerdos que tanto desde el punto de vista de la sostenibilidad de la mar como del de la sostenibilidad de los empleos directos e indirectos del sector es imprescindible que se materialicen: reparto justo de los cupos, acabar con la contaminación, redefinir los espacios del arrastre, aumentar el control de la trazabilidad para acabar con la pesca furtiva y declarar la pesca artesanal, el cerco de bajo impacto y el marisquero como actividades de interés público.

Hace ocho meses también estuvimos en el Congreso de los Diputados, después de una protesta en Sol, exigiendo al resto de las fuerzas políticas que se tomasen medidas para corregir el actual reparto. Había más de doscientos pescadores en aquella sala, de casi todos los puntos del país. De Asturias, estuvieron presentes la mayor parte de las Cofradías. El resto de grupos políticos no se presentaron a aquella cita pero el olor a salitre en el Congreso quedó impregnado.
Nosotras y nosotros, desde hace mucho tiempo, tenemos claro cuáles son las vías a seguir trabajando y profundizando y no dejaremos de hacerlo con consciencia y compromiso, con honestidad y responsabilidad. Dejando claro que no vamos a entrar en una guerra de competición entre los pescadores, que estamos muy lejos del “divide y vencerás” que tan tristemente se suele practicar en política, y que seguiremos una hoja de ruta que marcamos hace ya tiempo en Bruselas, que respetamos precisamente porque nació de los propios pescadores en un espacio donde había expertos y ecologistas. Y es que el diálogo que tiene como base el bien común siempre es posible. Sólo hay que tener un poco de voluntad.
Desgraciadamente, este verano volvemos a ver con desolación como los barcos arrastreros de Irlanda, Portugal y Francia llegan a nuestras costas y reducen las posibilidades de pescar bonito. Una de las pesquerías más importantes en Asturias. El nuevo reparto del cupo de la xarda fue un balón de oxígeno para la flota asturiana, pero, desde luego, de poco sirve si no se aborda la pesca de manera integral. Y mucho menos, si la importancia de la mar queda reducida a una subconsejería como acaba de hacer el PSOE, o si se considera a la mar una “depuradora natural” capaz de tragar con cualquier cosa, incluso con los errores del Ayuntamiento de Xixón o de la Consejería del Gobierno de Asturias.
Tanto la mar, como quienes viven de ella tienen claro que es imprescindible un nuevo modelo productivo que, necesariamente, atraviesa el mundo de la pesca. La mar requiere que dejemos de llenarla de plástico porque, de hecho, se prevé que en cincuenta años habrá más plásticos que peces en el agua de seguir a este ritmo de consumo masivo y destrucción planetaria. La mar nos pide a gritos que dejemos de calentar el planeta porque vamos a estropear el termostato natural que ella misma supone. Y los pescadores sólo quieren poder vivir dignamente del fruto de su trabajo. Cosa que se complica cuando no se cobran a tiempo los paros biológicos, cuando sólo se permite pescar en un cupo ínfimo especies que están infraexplotadas o no se persigue la pesca de aquellas que están sobreexplotadas. Cuando no se respetan los tiempos de descanso por la flota extranjera y cuando, en definitiva, falta el liderazgo necesario en Europa para defender los intereses de nuestra flota pesquera. Porque, al final, el problema siempre es político. No es de extrañar cuando la ministra Isabel García Tejerina confunde las artes de pesca y no habrá estado subida en un barco más que en campaña electoral o promoción pública.
Las que de verdad venimos del mundo de la mar, somos conscientes de que la mar es un bien común inestimable y que quienes cada día luchan por traer el fruto de su trabajo a nuestras costas son el motor imprescindible para su cuidado y respeto. La sostenibilidad debe ser el corazón de todas las decisiones políticas que se tomen y nadie mejor para luchar contra el cambio climático que aquellos pescadores que practican artes de bajo impacto, que aquellos expertos que estudian y cuidan nuestras costas, que la gente que tiene muy claro que este planeta es una herencia y que como herencia debe quedar para las generaciones venideras.
El verano pasará con mayor o menor fortuna, pero la lucha de los pescadores, mariscadoras, y de la sociedad civil en su conjunto que queremos, cuidamos y defendemos la mar sigue adelante. No hemos venido aquí para que todo continúe igual. Daremos la pelea hasta el final por la justicia social y ambiental de nuestros mares.

Publicado en El Comercio el 6 de agosto de 2017

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